terça-feira, 17 de setembro de 2013

Bispos de Cuba pedem Liberdade (mais uma vez)


Os bispos de Cuba escreveram uma carta aberta ao ditador Raúl Castro. Esta carta foi feita 20 anos depois de outra carta dos bispos chamada "Amor conquista tudo", em se pedia a Fidel Castro (foto acima) que fizesse reformas e promovesse a liberdade em Cuba. Esta nova carta continua pedindo liberdade, agora ao irmão do ditador Fidel. A carta de agora se chama "La Esperanza no Defrauda", tirado de Romanos 5, quando São Paulo diz que a perseverança gera a fideliade, e a fidelidade gera esperança. E a esperança não nos abandona, não nos engana (no defrauda).

Interessante, para o Brasil que atualmente usa médicos cubanos, é que a carta lembra a pobreza de médicos cubanos em seu próprio país (item 26 da carta, que reproduzo abaixo). Além disso, fazendo-nos lembrar de certas políticas sociais brasileiras, a carta ataca o Estado paternalista.


O site Rome Reports relatou a carta dos bispos em vídeo.

video

A carta pede direito a diversidade, com tolerância a pensamentos diferentes. E que esperança para um futuro melhor passa por uma nova ordem política. Argumenta que um Estado colaborador deve substituir o Estado parternalista. A carta critica a falta de oportunidades que deixa muitos cubanos na pobreza. E os baixos salários que não permite a família cubana se sustentar. A carta pede inclusive que se abra um diálogo com os Estados Unidos.



Aqui vão alguns trechos da carta:

Juan Pablo II y Benedicto XVI evidenciaron no sólo la dimensión religiosa, sino
también la dimensión humana y social de la misión evangelizadora de la Iglesia.
Ambos se refirieron a la realidad espiritual y social de los cubanos en la hora
presente y de cara al futuro. La Iglesia de Cristo no puede quedarse encerrada en sí
misma y satisfecha con atender sólo a quienes la conforman. Juan Pablo II nos
había dicho: "El servicio al hombre es el camino de la Iglesia"6 y este servicio al
hombre lo brinda la Iglesia sin distinción de personas por su religión, raza, edad,
sexo, condición social o pensamiento político.


Entre las diferentes opciones que se presentan en la búsqueda del bien común la
Iglesia opta por aquella que defiende y promueve la libertad responsable del hombre.
"Resulta conmovedor –en palabras del papa Benedicto XVI– ver cómo Dios no sólo
respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla"10. En efecto, la libertad es
un don precioso que Dios regala al ser humano, que ha sido creado varón y hembra,
a imagen y semejanza de Dios, "para ser fecundos y multiplicarse, dominar los peces
del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven en la tierra" (cfr. Gén.
1,27-28). Toda la humanidad, y en ella nosotros cubanos, estamos llamados a
disfrutar de aquella libertad querida por Dios que permite al hombre obtener para sí y
su familia los frutos de un trabajo digno y participar de las decisiones que le afectan
en su futuro personal, familiar y social.

El Estado participativo debe sustituir definitivamente al estado paternalista. No se
debe temer al desarrollo de una autonomía social fuerte y responsable, potenciada
desde la base y de acuerdo con las normas de la convivencia civilizada, capaz de
desarrollar un trabajo fraterno, según los grupos de interés y las necesidades
específicas que unen y animan a diversos grupos humanos en la búsqueda de
soluciones propias, sin necesidad de esperar las respuestas y soluciones desde
arriba. Esto es lo que la Doctrina Social de la Iglesia llama principio de subsidiaridad
y es, en sí mismo, uno de los fundamentos de una sociedad abierta y solidaria.

Cuba ha cambiado en los últimos años. El presente no se parece a los años
pasados. Tampoco los cubanos de hoy somos iguales a los cubanos de veinte o
cuarenta años atrás. Es normal que así sea. Tomando como parámetros algunos
hechos históricos vemos que la carta pastoral de los obispos de Cuba "El amor todo
lo espera", publicada en 1993, contenía varias solicitudes, de las cuales algunas de
ellas ya se han alcanzado y otras están aún pendientes. Una nueva generación de
cubanos, nacida en estas últimas décadas, tiene su propia interpretación de nuestra
realidad, con sus aspiraciones e intereses propios, diferentes de los que tuvieron sus
antecesores. Esta generación vive con el firme deseo de que no sólo el presente sea
mejor que el pasado, sino que el futuro sea mejor que el presente.

Los obispos de Cuba queremos ver en todo esto, tal como expresamos en la Carta
Pastoral antes citada y cuyo vigésimo aniversario estamos conmemorando, el inicio
de un proceso de reformas siempre más amplias en bien de la población y de las
nuevas generaciones de cubanos. Confiados en el Señor esperamos que estas
reformas, al igual que otras acciones que consideramos necesarias, lleguen
ciertamente a alcanzarse, pues experimentamos apremio en la ciudadanía con
respecto a esas aspiraciones, ya que en ello tienen puestas sus esperanzas muchos
de nuestros conciudadanos. La mejor herencia que podemos dejar a las
generaciones futuras es, precisamente, trabajar por lograr un presente mejor.

En nuestro continuo andar por las comunidades parroquiales y casas de misión se
hace presente dolorosamente a nuestros ojos, como cubanos y como pastores, la
pobreza tan extendida todavía en nuestro país. Es la pobreza material, producto de
salarios que no alcanzan para sostener dignamente a la familia, así como otras
formas de pobreza que afectan a las personas más vulnerables y desamparadas, aun
cuando existe una preocupación social por atender a quienes afrontan esta situación.

En Cuba, además, a este tipo de pobreza, debemos añadir la de algunos grupos
sociales que normalmente no deberían sufrirla, entre otros, la pobreza material del
ingeniero y del trabajador de la cooperativa agrícola, del médico o la maestra, del
deportista que da gloria a su patria, o la del pescador cuyo trabajo ingresa divisas al
país.

Esto último, que se conoce como capital humano, es altamente apreciado en el
mundo moderno y ha estado, desde tiempo atrás, en espera de una oportunidad
para desarrollar y poner al servicio propio y de la sociedad la incalculable
potencialidad de los conocimientos adquiridos en nuestras escuelas y universidades.
Con la falta de oportunidades y la emigración se ha perdido mucho y se sigue
perdiendo esa riqueza que está llamada a multiplicarse en Cuba. Todo plan de
reforma debe contar con esta riqueza humana que también ha costado y cuesta
recursos a la nación.

Es de resaltar el cambio operado en la política exterior de nuestro país orientada
actualmente hacia América Latina, que nos es más cercana y semejante. Sin
embargo, estas relaciones no se limitan ni pueden limitarse a la región
latinoamericana. En este contexto de política internacional se hace necesario
considerar las relaciones de Cuba con los Estados Unidos, que durante largas
décadas, de diverso modo y de manera constante y profunda, han afectado la vida
de nuestro pueblo. A esto se refirió el beato Juan Pablo II al decir que “el aislamiento
provocado repercute de manera indiscriminada en la población, acrecentando las
dificultades de los más débiles en aspectos básicos como la alimentación, la sanidad
o la educación”14. Y concluyó pidiendo se suprimieran “las medidas impuestas desde
fuera del país injustas y éticamente inaceptables”.

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